Dicen que la memoria de algunos peces es de “refresco” rápido y almacena información por apenas unos segundos. Dori, uno de los personajes de la película “Buscando a Nemo”, sufría este problema, y a menudo olvidaba lo que acababa de ocurrir.
Semanas como ésta que acaba de terminar, me hace pensar que hay muchos peces en la política nacional y autonómica. Permítanme que me centre en la que me queda más cerca.
Es una semana en la que hemos vuelto a percibir la presencia de la corrupción en la vida política andaluza, y lo esperpéntico de algunas situaciones, como que al ex alcalde de Casares, Juan Sánchez (IU), que entró en prisión esta semana por presuntos delitos de prevaricación, cohecho y blanqueo de capitales (casi nada) y al que se le preguntó en sede judicial por 5 boletos premiados de la ONCE que se encontraron en su casa. ¿Suerte en el juego? pues va a ser que no.
Y este nuevo encontronazo con la realidad política andaluza -sí, aquélla en que la corrupción, por desgracia, está permanentemente presente- me lleva a reflexionar sobre cómo los ciudadanos andaluces fuimos capaces de mirar para otro lado con los casos de corrupción a gran escala -como los EREs o Invercaria-, dando de nuevo el Gobierno a sus protagonistas. Casos que siguen de plena actualidad, aunque ya no ocupen portadas ni ruedas de prensa de las fieras del PP, hambrientas de carnaza para alimentar su peculiar campaña electoral. Para el electorado no fue decisiva la corrupción, pero no creo que se trate de memoria de pez.
Me refería a la memoria de pez que tienen algunos políticos. A nadie se le escapa la poca capacidad retentiva que demostró Rajoy cuando, sólo nueve días después de tomar posesión en el Gobierno, aplicó medidas a las que expresamente se había opuesto escasos días antes: mensajes como “menos impuestos” quedaron fulminantemente erradicados del discurso cuando el PP optó por subir el IRPF a final de año (no a todos, ya que se exceptúan País Vasco y Navarra, en un ejemplo más de la inexistente igualdad de todos los ciudadanos de este país, que no tuvieron que unirse a ese “esfuerzo” fiscal que nos pidió Doña Soraya). Debe ser que tienen memoria de pez.
Pero no es exclusivo del PP, sino que se extiende a otros partidos políticos. ¿Alguien podía imaginarse, durante la campaña electoral andaluza, que podrían PSOE e IU defender los recortes? ¿O que Arenas (PP) reprochase al actual Gobierno andaluz medidas de recorte del gasto?
No seré yo quien diga que no es necesario aplicar recortes contundentes para poder cumplir los objetivos del déficit. El problema es dónde se aplican y qué se pretende con ellos. Me explico:
Nuestro Gobierno andaluz ha decidido meter la tijera en el bolsillo de los funcionarios (son 261.399), como una de las medidas estrella, reduciendo su salario en un 5%, pero dejando al margen a esos “otros” empleados de la Administración que, sin ser funcionarios, quisieron equipararse por parte de la Junta. Yo lo llamé el 2×1, y se conoce como la “administración paralela” y la “Ley del Enchufismo”.
Hoy nos desayunamos una entrevista a la consejera de Hacienda y Administración Pública en la que desafía a los funcionarios con frases ciertamente desafortunadas: “Si los sindicatos quieren despidos, que me lo digan”, “que se caigan las caretas y digan [los funcionarios] que se eche a interinos y eventuales” o “el recorte de salarios es de 777 millones, esa cifra va a misa”. Esta última frase me recuerda al más puro estilo PP de “esto es lo que hay”, tan criticado antaño por los socialistas, lo que también debe ser efecto de la memoria de pez.
Teniendo en cuenta que los funcionarios han reivindicado intensamente sus derechos y han luchado contra la “ley del enchufismo” y se han movilizado durante la campaña electoral contra el gobierno de Griñán, me pregunto si este recorte es una especie de “venganza”, y no lo digo por decir. De hecho, la tijera sería mucho más eficaz -y, por qué no decirlo, menos dañina y más higiénica- con medidas como la supresión de las Diputaciones, la reducción de puestos directivos, de libre designación y de cargos políticos, la supresión de comisiones, observatorios y organismos inútiles que responden a intereses cuestionables, el cierre de las “embajadas” andaluzas en el exterior, la reducción de coches oficiales, dietas, tarjetas, ordenadores “para todos”, ipads para los Diputados, etc… Todas ellas medidas propuestas por UPyD en las pasadas elecciones andaluzas, y que bien podrían haber inspirado a nuestros gobernantes pero, como digo, debe ser que la memoria de pez les impide recordar aquéllo que nosotros defendimos durante la campaña.
Está claro que en UPyD no tenemos memoria de pez, porque no nos olvidamos de lo que prometemos en campaña, y actuamos en consecuencia. Prueba de ello la ha dado UPyD en Asturias, donde nuestro Diputado ha sido decisivo, y quien ha puesto por delante -desde el primer momento- sus condiciones políticas para apoyar un Gobierno en Asturias que tenga la estabilidad necesaria en los tiempos que corren. Nos ofrecieron cargos y sillones, a los que renunciamos en pro de políticas que garanticen la regeneración democrática y el impulso económico en la autonomía, lo que fructiferó en un acuerdo que desde el propio UPyD, en un ejemplo de transparencia, se ha hecho público.
Porque, puestos a predicar, predicamos con el ejemplo.



