Dura la mentira hasta que llega la verdad.

Mentiría si dijera que me ha sorprendido el contenido de la primera tanda de “recetas” del nuevo Gobierno de Rajoy. Todos los sabíamos, pero no pensábamos que iban a empezar tan pronto.

No pretendo ahora entrar en profundidad en el fondo de las medidas que, sorpresivamente, nos anunció Soraya Sáenz de Santamaría el pasado día 31 de diciembre, sino en las formas, en la manera de hacer política.

Dice el refrán que “la mentira tiene las patas muy cortas” porque, tarde o temprano, se conocerá la verdad.

Nos dijo Rajoy en su campaña que no subiría los impuestos. Por activa y por pasiva, su mensaje era el del recetario perfecto: combatiremos la crisis sin hacer recortes sociales y sin subir impuestos… claro, que no se lo creía ni él. Y el tiempo nos ha dado la razón a los incrédulos. Creo firmemente que un programa electoral es y debe ser un contrato con los ciudadanos, y los contratos están para cumplirlos.

El problema radica en que esta forma de actuar quita credibilidad a los políticos y alimenta la sensación de que a los ciudadanos nos están tomando el pelo. Aquí sí se nota que vivimos en una Democracia joven, muy joven. Estos politiqueros dicen una cosa en campaña, ofreciendo un elixir milagroso y, una vez que obtienen sus resultados -gracias a unos votos frutos del engaño- se olvidan de las promesas y comienza a vislumbrarse la triste realidad. Una vez más.

Ahora apelan a la “herencia” dichosa, a la situación heredada, para culpar a sus antecesores de haber ocultado una desviación en el déficit de dos puntos del PIB… nada menos que 20.000 millones de euros. Ahí queda eso. ¿Es que nadie se había dado cuenta?

Las “soluciones” son las mismas de siempre: aquí pagamos el pato los ciudadanos, y ni siquiera se depuran las responsabilidades de aquellos que han ocultado semejante escenario… suponiendo que así sea. Los paganinis, los ciudadanos; como si fuéramos lo suficientemente tontos como para no darnos cuenta de la jugada.

Se vuelve a congelar el sueldo a los funcionarios, se engaña a los pensionistas subiendo las pensiones un 1% con una inflación del 2.4%, se congela el salario mínimo, y se aprueban subidas de impuestos que recaen en su mayor parte sobre las clases medias y bajas, con ingresos por debajo de los 33.000 euros anuales, que representan el 85% de los trabajadores.

Esta es la verdad. Y esto es lo que ya se ha aprobado, a la espera de saber qué se reserva el Gobierno para después de las andaluzas -esos tres meses que necesitan para “conocer el estado real de las cuentas”-. No digo que no sea necesario hacer algo y tomar medidas drásticas, lo que digo es que no se hace mintiendo y ocultando las verdaderas intenciones.

Si quieren hacer lo que hay que hacer, deben dejarse de excusas y acometer las reformas que UPyD reclamó en la campaña electoral, tales como la eliminación de duplicidades, la centralización de determinados servicios para que se disminuyan costes por economía de escala, la derogación de normas que obstaculizan el mercado único nacional y la libertad de circulación de profesionales y empresas, la supresión de entes públicos innecesarios, la fusión de Ayuntamientos (por citar un ejemplo, el cinturón metropolitano de Granada, donde comparten la misma calle varios municipios), la reforma laboral, la despolitización de la Justicia y de las Cajas de Ahorro…

Lo que desde aquí les pido y les exigiré es que se centren en los problemas de los ciudadanos y dejen, de una vez, de utilizarnos a los andaluces para sus intereses de partido. Los andaluces necesitamos que nuestros políticos se concentren en cómo resolver los problemas que tenemos, comenzando por solucionar el desempleo de casi un millón de personas en Andalucía, y que no se dediquen a mirarse el ombligo o a buscar recolocaciones públicas para cuando dejen de dirigir la administración andaluza.

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3 respuestas a Dura la mentira hasta que llega la verdad.

  1. Buenos días Martín. Magnífico análisis de la “realpolitik”. Cuando vino Rosa a Málaga, un chico de Fuengirola levantó la mano e hizo su pregunta y él comentaba si había una fórmula para que los políticos que en campaña prometieran cosas que luego no cumplen tuvieran algún tipo de sanción por publicidad engañosa. Rosa comentó que era más fácil: no votarle en las próximas, pero bien sabemos que los años pasan y las cosas se olvidan y luego cuando se va a votar no se tienen en cuenta estos graves incumplimientos contractuales. A los pocos días, vi en prensa una nota de Rosa en el sentido comentado por mi amigo, algo que me dio mucha esperanza, al ver que había calado el mensaje de mi amigo. Habría que desarrollarlo para las Andaluzas.

  2. Javier Rivas dijo:

    Buenos días, yo creo, al igual que señala Martín, las promesas electorales deberían ser contractuales. Estamos demasiado acostumbrados a que los políticos prometan algo y luego hacer exactamente lo contrario sin que ello represente ningún tipo de sanción ni medida a tomar, lo cual es de ciencia ficción. Para mi la solución está en eliminar las posibilidades de que tengan “excusas” o razones supuestamente válidas para hacerlo. En este caso se han “encontrado” con un agujero inesperado. Si las cuentas públicas fueran realmente eso, públicas, se supone que el PP debería haber sabido la situación real, el PSOE no podría haberlo ocultado y, por consiguiente, no habrían tenido excusa para subir los impuestos. Voto ya por la creación de una oficina de información de cuentas públicas, donde cualquier hijo de vecino tenga acceso a los extractos de TODAS las cuentas de dinero público de España, saber cuando, como, donde y por qué entra y sale el mínimo euro. Yo estoy con el PP en que hay que tomar medidas, también estoy en contra de que hayan ocultado sus verdaderas intenciones. Pero lo que más me preocupa es lo de siempre, el gobierno nos habla de sacrificios y de apretarse el cinturón, mientras que ellos siguen gozando de sus super-dietas, pensiones vitalicias al cabo de 7 años de servicio, indemnizaciones millionarias, iPads, vuelos gratis, etc. La austeridad no va con ellos.. Un saludo. Javier

  3. Pingback: SÉNECA Y LA HONESTIDAD EN LA POLÍTICA | José María García Ocaña

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